Territorio 01 · Noroeste argentino

Catamarca • Encuentros con Identidad

Cerros que cambian de color con la luz, casas de adobe y cardones: el primer territorio del atlas y su colección de cerámica, textil, piedra y fotografía.

Cerros de tonos rojizos, ocres y blancos del noroeste argentino al atardecer, con álamos en el valle
Lámina 01 Cerros del noroeste argentino
Región
Noroeste argentino
Paisaje
Valles, cerros de colores y puna
Paleta
Ocres, terracotas, verdes y minerales
Colección
Cerámica, textil, piedra y fotografía
Estado
En curso

Una tierra de cerros que cambian de color con la luz, de casas de adobe y de cardones que marcan el paisaje. De ahí toman su forma y su paleta las piezas de la colección.

Adobe, cardones y cerros de colores

En los valles del noroeste, las casas se levantan con la misma tierra que las rodea. El adobe guarda el calor del día y el color del cerro; los cardones, que crecen despacio, acompañan el paisaje desde hace siglos.

Ese es el punto de partida de la colección: mirar el paisaje de cerca y quedarse con lo que no siempre se ve. Las texturas, los tonos y las historias de quienes lo habitan.

Este relato, con sus fotografías y contenidos, es lo que se abre al escanear el QR de cada objeto de la colección.

Ventana de una casa de adobe con un cardón al costado, abierta a los cerros
Lámina 02 Adobe, cardón y cerro

La paleta del territorio

Los tonos que la colección toma de la tierra catamarqueña.

  • Ocre#B07A2A
  • Terracota#9A4A2A
  • Arcilla#C49A6C
  • Jarilla#5F6B3A
  • Mineral#56626A
  • Cal#F0E0AF

La colección Catamarca

Once piezas, cada una con su código QR. Este es el recorrido que abren.

  • Volcán nevado sobre laderas doradas de la puna
    Pieza 01 Volcán Incahuasi

    Cordillera de los Andes · Catamarca

    Volcán Incahuasi

    La memoria sagrada de los Andes

    El Incahuasi me cautivó por su inmensidad y por la fuerza de su silueta, que parece elevarse entre la tierra y el cielo. Su presencia invita a detenerse, observar y reconocer la profunda conexión entre el paisaje y las culturas que lo habitaron.

    Un paisaje entre dos territorios

    Ubicado en la cordillera de los Andes, en el límite entre Catamarca, Argentina, y la Región de Atacama, Chile, el volcán alcanza los 6.619 metros sobre el nivel del mar, según el Instituto Geográfico Nacional argentino.

    Su nombre proviene del quechua y significa «Casa del Inca». En su cumbre se han registrado vestigios arqueológicos asociados a la presencia incaica, entre ellos una estructura de piedra y objetos vinculados con prácticas ceremoniales. Estos hallazgos permiten reconocer la importancia que tuvieron las altas montañas dentro del mundo andino.

    Para seguir explorando

  • Formación blanca de piedra pómez con la luna en el cielo azul
    Pieza 02 Campo de Piedra Pómez

    Antofagasta de la Sierra · Catamarca

    Campo de Piedra Pómez

    Un paisaje que parece de otro mundo

    Hay imágenes que nos hacen detenernos a mirar, como si por un instante nos transportaran a un lugar desconocido. Cuando vi este paisaje, me cautivó el contraste entre las formas blancas de la piedra, la inmensidad del cielo y la presencia de la luna. Una escena que parece desafiar nuestra idea de lo que conocemos y nos invita a contemplar la belleza extraordinaria de nuestra propia tierra.

    Un paisaje esculpido por el tiempo

    En el departamento de Antofagasta de la Sierra, al noroeste de Catamarca, se extiende el Campo de Piedra Pómez, una formación geológica situada a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.

    Su singular paisaje se originó a partir de antiguos procesos volcánicos que dieron lugar a extensos depósitos de roca pómez. Con el paso del tiempo, la erosión contribuyó a modelar sus crestas y formas onduladas, creando un escenario que recuerda a un mar de olas petrificadas.

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  • Manos curtidas que sostienen un puñado de hojas de coca
    Pieza 03 La hoja de coca

    Pueblos andinos

    La hoja de coca

    Un saber que permanece

    Hay algo en estas manos que me conmueve. Sus marcas, su fuerza y la manera en que sostienen las hojas me llevan a pensar en el trabajo, en la experiencia y en los saberes que perduran a través del tiempo. Al contemplar esta imagen, siento que estoy frente a algo más profundo que una planta: una parte de la historia de los pueblos andinos, de su vínculo con la tierra y de una tradición que continúa viva.

    Una planta, una historia ancestral

    La hoja de coca tiene una historia milenaria en los Andes. Desde tiempos ancestrales, distintos pueblos la han incorporado a su vida cotidiana, sus prácticas comunitarias y sus ceremonias. Compartirla puede representar hospitalidad, reciprocidad y pertenencia, valores fundamentales en muchas comunidades andinas.

    Su uso tradicional también está relacionado con las exigencias de la vida en altura. Masticar las hojas, una práctica conocida como acullico o chacchado en distintas regiones, forma parte de las costumbres de quienes encuentran en esta planta una compañera para sus jornadas.

    Más allá de sus propiedades naturales, la coca tiene un profundo significado cultural y espiritual para diversos pueblos andinos. Comprenderla desde esa perspectiva nos permite reconocer una herencia viva, transmitida de generación en generación, que merece ser mirada con respeto y sin prejuicios.

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  • Duna de arena blanca con ondulaciones del viento bajo un cielo con nubes
    Pieza 04 Dunas Blancas

    Carachi Pampa · Antofagasta de la Sierra · Catamarca

    Dunas Blancas

    La huella del viento

    Elegí esta imagen porque me fascina ver cómo el movimiento del viento queda detenido en la arena, como si pudiéramos contemplar su obra de arte. Las ondulaciones dibujan formas delicadas sobre la superficie, mientras las nubes, las montañas y la inmensidad del cielo construyen un horizonte que parece no tener fin. Hay algo en esta escena que me transporta a un espacio infinito, donde la naturaleza parece crear sin límites.

    Un paisaje entre arena y volcanes

    Estas dunas blancas se encuentran en el entorno del volcán Carachi Pampa, en el departamento de Antofagasta de la Sierra, Catamarca, dentro de la Puna de Atacama.

    En esta región árida, las dunas se forman por la acumulación de arena que el viento transporta y deposita sobre el terreno. El paisaje volcánico que las rodea, con sus superficies oscuras y sus extensos espacios abiertos, crea un contraste singular con la claridad de la arena.

    La acción del viento transforma continuamente el relieve, dibujando ondulaciones y crestas que convierten el paisaje en una obra natural en permanente cambio.

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  • Flores amarillas y pastos entre rocas rojizas de la puna
    Pieza 05 Cañón en la Puna de Atacama

    Antofagasta de la Sierra · Catamarca

    Cañón en la Puna de Atacama

    La vida que florece entre las rocas

    Me cautivó descubrir cómo, entre las rocas y en un entorno de condiciones extremas, la vida encuentra su manera de florecer. Los verdes, los dorados y las pequeñas flores revelan una belleza inesperada, capaz de transformar hasta el paisaje más inhóspito.

    En la Puna catamarqueña, donde la aridez, el frío y la altura imponen condiciones difíciles, la vegetación desarrolla formas particulares de adaptarse y permanecer. En Antofagasta de la Sierra, los investigadores han documentado alrededor de 170 especies vegetales, una diversidad que invita a mirar este territorio más allá de su apariencia árida.

    Entre las plantas puneñas hay pastos, arbustos y pequeñas especies que encuentran su lugar en distintos ambientes: algunas crecen en laderas pedregosas, mientras que otras prosperan allí donde el agua se reúne y permite la formación de vegas. Cada una forma parte de un delicado equilibrio entre el suelo, el clima y la disponibilidad de humedad.

    Al observar esta imagen, pienso en todo lo que puede pasar inadvertido cuando miramos un paisaje desde lejos. Allí donde pareciera que solo hay piedra, también hay colores, flores y formas de vida que han encontrado su lugar. Descubrirlas es acercarse a los secretos de un territorio que todavía tiene mucho para revelarnos.

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  • Llama y su cría en un pastizal de la puna
    Pieza 06 Huellas de la Puna · PH Joaquín Dávalos

    Antofagasta de la Sierra · Catamarca

    Huellas de la Puna

    Un encuentro en la inmensidad

    Me cautivó la mirada de esta llama y la cercanía con su cría, rodeadas por la inmensidad de la Puna. Cuando Joaquín Dávalos, oriundo de Antofagasta de la Sierra, me compartió esta fotografía, descubrí una escena que me invitó a detenerme y contemplar. En esa mirada serena encontré una belleza que va más allá de lo visible: una presencia que forma parte de la historia viva de este territorio.

    Las llamas habitan los Andes desde hace miles de años y su domesticación transformó la relación entre las comunidades y el paisaje. En la Puna catamarqueña, estos camélidos han sido fundamentales para la vida de las familias pastoras: proporcionan fibra y alimento, y tradicionalmente se utilizaron como animales de carga. Su crianza requiere conocimientos transmitidos de generación en generación, ligados a los ciclos naturales, al pastoreo y a la experiencia de habitar estas tierras de altura.

    En Antofagasta de la Sierra, esta relación entre las personas y las llamas forma parte de un patrimonio biocultural que reúne saberes, prácticas y modos de comprender el entorno. Una investigación publicada en 2023 por Jennifer Grant y Bibiana Vilá estudia precisamente ese vínculo y destaca la importancia de reconocer y revalorizar los conocimientos tradicionales asociados a la crianza de estos animales.

    Al contemplar esta imagen, pienso en las huellas que permanecen a través del tiempo: las que dejan los animales sobre la tierra, pero también las que se conservan en la memoria de las comunidades. La llama y su cría, pequeñas ante la inmensidad del paisaje, nos recuerdan que la identidad de un territorio también se construye a partir de esos vínculos silenciosos entre la vida, la cultura y la naturaleza.

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  • Cóndor andino en vuelo visto desde arriba, con las alas abiertas sobre la tierra de la puna
    Pieza 07 El cóndor andino · PH Joaquín Dávalos

    Puna de Catamarca

    El cóndor andino

    Dueño de los vientos

    Es un honor contemplar esta increíble captura de Joaquín Dávalos. Fotografiar a un cóndor andino desde arriba, en pleno vuelo, con sus enormes alas desplegadas sobre el paisaje de la Puna, requiere no solo destreza, sino también paciencia, sensibilidad y una profunda conexión con la naturaleza. Su imagen nos invita a detenernos ante una de las aves más imponentes de los Andes y a descubrir la belleza de un ser que parece pertenecer tanto a la tierra como al cielo.

    El cóndor andino (Vultur gryphus) es una de las aves voladoras más grandes del mundo. Con sus alas extendidas, que pueden superar los tres metros de envergadura, aprovecha las corrientes ascendentes de aire para planear sobre las montañas y recorrer grandes distancias con muy pocos aleteos. Una investigación del CONICET reveló que los ejemplares estudiados pudieron permanecer más de cinco horas en vuelo sin aletear, aprovechando las corrientes de aire para desplazarse con un gasto energético sorprendentemente bajo.

    Pero su grandeza no reside únicamente en su vuelo. Como ave carroñera, cumple una función esencial en el equilibrio de los ecosistemas, al alimentarse de animales muertos y contribuir al ciclo natural de la vida.

    También hay algo especialmente conmovedor en su forma de vincularse y perpetuar su especie. El cóndor andino forma parejas duraderas y ambos progenitores participan en el cuidado de la cría. La hembra pone, por lo general, un solo huevo por ciclo reproductivo, y la crianza demanda tiempo y dedicación. Debido a este ritmo reproductivo lento, cada nueva cría resulta importante para la continuidad de la especie.

    Contemplar al cóndor es reconocer la fuerza de la naturaleza, pero también su delicado equilibrio. Dueño de los vientos, recorre las alturas con una libertad que nos asombra y nos recuerda que aún existen seres capaces de despertar en nosotros admiración, respeto y una profunda sensación de libertad.

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  • Pintura rupestre de una figura danzante de rasgos felínicos sobre la roca
    Pieza 08 Huellas de la Aguada

    La Tunita · Sierra de Ancasti · Catamarca

    Huellas de la Aguada

    Ecos de un mundo ancestral

    Me cautivó esta figura por su fuerza expresiva y por el misterio que parece guardar en sus movimientos. Sus brazos extendidos, su cuerpo dinámico y su rostro de rasgos felínicos despiertan preguntas sobre el universo simbólico de quienes dejaron estas imágenes en la roca. Al contemplarla, siento que estoy frente a una huella que ha atravesado siglos para acercarnos, aunque sea por un instante, a un mundo ancestral.

    En la Sierra de Ancasti, Catamarca, los abrigos rocosos de La Tunita conservan uno de los conjuntos de pinturas rupestres más destacados de la región. Muchas de estas representaciones se vinculan con la cultura Aguada, una sociedad prehispánica cuyas expresiones artísticas y simbólicas forman parte de la historia del noroeste argentino.

    Entre las figuras que habitan estos paneles se encuentra la conocida como «El Danzarín», ubicada en el alero La Sixtina. Su postura dinámica y sus atributos singulares han despertado el interés de investigadores que estudian las posibles dimensiones rituales y simbólicas de estas imágenes. Aunque su significado no puede reducirse a una única interpretación, su presencia nos invita a imaginar la complejidad de las creencias y prácticas de aquellas sociedades.

    Las investigaciones arqueológicas también revelaron que las pinturas fueron realizadas mediante técnicas y mezclas de pigmentos que hoy continúan siendo estudiadas. Algunas figuras presentan distintas capas de pintura, evidencia de que estos paneles se fueron construyendo a lo largo del tiempo. La roca se convirtió así en soporte de una memoria compartida, donde cada trazo forma parte de una historia mucho más extensa que una sola imagen.

    Al incorporar esta figura a Territorios Invisibles, quise preservar su fuerza visual y acercarla a una nueva experiencia contemplativa. Para trasladar sus trazos a la resina, realicé ajustes digitales de contraste que permitieran apreciar mejor sus formas, sin modificar el diseño original de la representación.

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  • Iglesia de adobe con dos torres y cúpulas, con cerros de fondo
    Pieza 09 Iglesia de Nuestra Señora de Andacollo

    La Falda · Tinogasta · Catamarca

    Iglesia de Nuestra Señora de Andacollo

    La tierra hecha templo

    Cuando observo esta iglesia, pienso en las manos que la levantaron. En quienes trabajaron el barro, prepararon cada pieza y fueron dando forma a sus muros hasta convertirlos en un lugar de encuentro con lo sagrado.

    Hay algo en estas construcciones de adobe que me remite a otra época. Sus colores, sus formas y las marcas que deja el paso del tiempo parecen conservar fragmentos de una historia que todavía podemos contemplar.

    Elegí esta fotografía para Territorios Invisibles porque encuentro en ella mucho más que una construcción antigua. Veo un símbolo de fe, de trabajo artesanal y de respeto por un patrimonio que merece seguir en pie. Me conmueve imaginar el esfuerzo necesario para levantarla, pieza por pieza, con materiales de la propia tierra y conocimientos transmitidos a través de las generaciones.

    La Iglesia de Nuestra Señora de Andacollo se encuentra en el paraje de La Falda, departamento Tinogasta, Catamarca, y forma parte de la Ruta del Adobe, un circuito cultural que reúne construcciones históricas realizadas con tierra, paja y otros materiales de la región. Su arquitectura se distingue por los muros de adobe, las dos torres simétricas y las cúpulas que coronan su fachada.

    El templo fue construido durante el siglo XIX y atravesó períodos de deterioro que hicieron necesaria su restauración. Entre 2001 y 2004 se realizaron trabajos destinados a recuperar su estructura, respetando las técnicas constructivas tradicionales. Su conservación nos recuerda que proteger el patrimonio también implica reconocer el valor de los saberes artesanales que hicieron posibles estas obras.

    Aunque las manos que la construyeron ya no estén, su trabajo permanece. También permanece la fe de quienes encuentran en ella un espacio de encuentro y mantienen vivo su significado.

    Quizás ahí reside una de las formas más profundas de lo invisible: en las personas que no podemos ver, pero cuya huella continúa presente en aquello que construyeron, cuidaron y nos dejaron como legado.

    Para seguir explorando

    • Visit Tinogasta — Iglesia de La Falda: información sobre la historia, la arquitectura y la restauración de la Iglesia de Nuestra Señora de Andacollo. Consultar fuente oficial
    • Visit Tinogasta — Ruta del Adobe: descripción del circuito cultural e histórico que reúne construcciones patrimoniales de la región. Conocer la Ruta del Adobe
    • Argentina.gob.ar — Recorrer la Ruta del Adobe: información sobre el patrimonio arquitectónico de adobe de Tinogasta y Fiambalá. Leer información turística nacional
    • Senado de Catamarca — Legislación patrimonial: documento legislativo que incluye la Iglesia de Andacollo, en La Falda, entre las construcciones protegidas de la Ruta del Adobe. Consultar documento legislativo
  • Entrada de piedra en un muro inca rodeado de vegetación
    Pieza 10 El Shincal de Quimivil

    Londres · Belén · Catamarca

    El Shincal de Quimivil

    La presencia de lo ancestral

    Visitar El Shincal de Quimivil fue una experiencia que me dejó una impresión difícil de poner en palabras. Hay algo en la inmensidad del lugar, en las montañas que lo rodean y en las construcciones que todavía permanecen que invita a detenerse y mirar con otros ojos.

    La fotografía que elegí muestra una entrada de piedra que parece abrirse paso entre la vegetación. Al observarla, pienso en todo lo que existió detrás de esos muros, en las personas que transitaron por allí y en la vida que alguna vez dio forma a este lugar.

    Ubicado cerca de Londres, en el departamento Belén, Catamarca, El Shincal fue uno de los centros más importantes de la presencia inca en el actual territorio argentino. Fue planificado, construido y habitado durante el siglo XV y principios del XVI, y cumplió funciones políticas, administrativas y ceremoniales. Sus plazas, recintos, caminos y estructuras formaban parte de una organización que vinculaba la vida cotidiana con el poder y las prácticas rituales.

    El sitio también estuvo conectado con el Qhapaq Ñan, la extensa red de caminos que articulaba el Tawantinsuyu, el Estado inca. Su ubicación y su organización permiten comprender que no se trataba de un conjunto aislado de construcciones, sino de un lugar integrado a una red mucho más amplia.

    Recorrerlo y contemplar sus estructuras en medio de ese entorno natural me hizo sentir que estaba frente a algo que excede lo que podemos observar a simple vista. No se trata solamente de piedras que atravesaron los siglos, sino de las huellas de una sociedad que pensó, construyó y habitó este espacio.

    Hoy, las investigaciones arqueológicas continúan aportando conocimientos sobre su historia y su significado. Cada hallazgo permite acercarnos un poco más a las personas que vivieron allí, aunque todavía queden muchas preguntas por responder.

    Para mí, El Shincal es uno de esos lugares que dejan una huella difícil de traducir en palabras. Quizás porque, al recorrerlo, una parte de su historia deja de sentirse lejana y comienza a tomar otra dimensión.

    Elegí esta imagen para Territorios Invisibles porque me invita a reconocer esa presencia: la de quienes ya no vemos, pero que siguen formando parte de un lugar que todavía tiene mucho para contar.

    Para seguir explorando

    • Visit Catamarca — Shincal de Quimivil: información turística oficial sobre el sitio arqueológico, su ubicación e historia. Visit Catamarca
    • Visit Argentina — Qhapaq Ñan: El Shincal: contexto sobre la conexión del sitio con la red vial incaica. Visit Argentina
    • CONICET — El sitio El Shincal de Quimivil y el mundo vegetal: investigación sobre la relación entre las personas, el entorno y los recursos vegetales del lugar. CONICET
    • Universidad Nacional de La Plata — El Shincal de Quimivil, Quillay y Los Colorados: investigación sobre la organización del sitio y las prácticas colectivas y rituales vinculadas al mundo inca. SEDICI, Universidad Nacional de La Plata
  • Roca con grabados rupestres de caravanas de llamas bajo un cielo nublado
    Pieza 11 Sitio arqueológico El Derrumbe · PH Joaquín Dávalos

    Antofagasta de la Sierra · Catamarca

    Sitio arqueológico El Derrumbe

    Huellas de antiguos caminos

    Hay algo en el arte rupestre que me sorprende profundamente: la posibilidad de encontrar, sobre una piedra, imágenes que nos acercan a formas de vida de las que todavía tenemos mucho por descubrir.

    Esta fotografía, tomada por Joaquín Dávalos en Antofagasta de la Sierra, Catamarca, muestra grabados rupestres del sitio arqueológico conocido como El Derrumbe. En la superficie de la roca se distinguen figuras que se interpretan como caravanas de llamas, una representación que nos invita a pensar en los desplazamientos y las conexiones que existieron entre los pueblos de la región andina.

    Las caravanas de llamas fueron fundamentales para el transporte de bienes y el intercambio entre distintas comunidades. A través de caminos que atravesaban valles, montañas y salares, estos animales permitieron conectar lugares distantes y facilitar el traslado de productos, conocimientos y experiencias.

    Al contemplar estas figuras, me pregunto cuántas historias pueden estar contenidas en sus trazos. Quizás funcionaron como una forma de representar recorridos, encuentros o experiencias compartidas. Aunque no podamos conocer con certeza todo lo que sus autores quisieron expresar, estas imágenes nos acercan a un mundo en el que los caminos también eran espacios de intercambio y relación entre culturas.

    Para mí, los petroglifos tienen algo que despierta una curiosidad especial: nos muestran una parte de la historia, pero al mismo tiempo nos dejan preguntas abiertas. Podemos observar las figuras, estudiar sus formas e investigar su contexto, aunque todavía haya aspectos de su significado que no logremos comprender por completo.

    Elegí esta imagen para Territorios Invisibles porque me invita a detenerme ante ese mensaje grabado en la piedra. Un mensaje que atravesó el tiempo y que hoy podemos seguir observando, con la curiosidad y el respeto que merece el patrimonio arqueológico.

    Para seguir explorando

    • Arte rupestre y rutas caravaneras en Antofagasta de la Sierra. Investigación de Álvaro R. Martel sobre las representaciones rupestres y su relación con las antiguas rutas de circulación de la región.
    • Arte rupestre de pastores y caravaneros. Investigación sobre las representaciones rupestres del Noroeste argentino y su contexto cultural.

Fotografías del territorio

Láminas del paisaje que inspira la colección.

  • Cerros rojizos y ocres del noroeste con álamos al pie, iluminados por el sol bajo
    Cerros y álamos al caer la tarde
  • Vano de una pared de adobe que enmarca los cerros y el valle
    El valle desde una pared de adobe
  • Detalle de un colgante de piedra con vetas que dibujan cerros, con argolla dorada y cordón de cuero
    Las vetas de la piedra, como un paisaje

Relatos de este territorio

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